Contexto y retos

Información importante

Este proyecto está cofinanciado por la Unión Europea (UE). Sin embargo, las opiniones y puntos de vista expresados son exclusivamente los del autor o autores y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea o CINEA. Ni la Unión Europea ni la autoridad que concede la subvención pueden ser consideradas como responsables. 

Generación de residuos en aumento

El rápido incremento de la población mundial, la mejora del nivel de vida y los avances tecnológicos provocan un constante aumento de la generación de residuos sólidos urbanos (RSU). La producción mundial actual de RSU es de aproximadamente 2.000 millones de toneladas anuales, y se estima que llegará a los 3.400 millones en 2050. En 2020, concretamente, se generaron en la UE 225 millones de toneladas, de las que 52 millones fueron a disposición finalista. El vertido se ha establecido durante mucho tiempo como el sistema de tratamiento más común de los RSU no clasificados debido a sus bajos costes de explotación y capital. Sin embargo, la implementación de las normativas de la UE (Directiva 31/1999, Directiva 62/1994) y los esfuerzos por alcanzar el vertido casi nulo han provocado que la tasa de vertido en la UE haya pasado del 61 % en 1995 al 23 % en 2020, y se espera que siga reduciéndose.

Emisiones generadas por el tratamiento de residuos municipales

El tratamiento de residuos, como muchas otras actividades antropogénicas, genera COV, un tipo de sustancias químicas con carbono (hidrocarburos, alcoholes, éteres, cetonas, terpenos...) que se evaporan a temperatura ambiente. Se estima que la concentración típica de COV en este tipo de instalaciones oscila entre los 3 y los 21 mg/Nm3, lo que se traduce en concentraciones elevadas de malos olores y obliga a tratar los flujos de aire antes de emitirlos a la atmósfera. 

Además de los COV, el dióxido de carbono (CO2) es otro de los componentes gaseosos emitidos por las plantas de TMB. Este gas de efecto invernadero (GEI) antropogénico representa aproximadamente el 82 % de las emisiones totales de GEI a escala mundial, y se prevé que aumente en los próximos años. Las recientes recomendaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) instan con contundencia a reducir el 55 % de las emisiones de CO2 antes de 2030 para limitar el calentamiento global y alcanzar la neutralidad climática (cero emisiones) en Europa en 2050. En el caso del sector de la gestión de residuos, se emitieron 2.926 millones de toneladas de CO2 en 2020.

Las tecnologías más utilizadas para tratar las emisiones de COV de estas instalaciones son en la actualidad los procesos térmicos (oxidación térmica regenerativa, OTR) y los procesos biológicos (biofiltros, BF), que pueden combinarse con lavado, condensación criogénica, adsorción u oxidación catalítica. Aunque son tecnologías eficaces, dada la gran cantidad de caudales de aire que deben tratar también resultan muy costosas, presentan un gran consumo energético y generan una gran huella de carbono.

Proyecto LIFE ABATE

Este es el contexto en el que nace el proyecto LIFE ABATE, coordinado por la Universidad de Valladolid, en estrecha colaboración con el AMB (que aportó la idea) y cuatro entidades nacionales: Aeris Tecnologías Ambientales, SL; Kalfrisa, SAU; la Universidad Politécnica de Cataluña, y FCC Medio Ambiente. El proyecto pretende demostrar la viabilidad de un sistema innovador para tratar los aires procedentes de las plantas de tratamiento mecánico-biológico (TMB) de residuos de una manera muy eficiente y sostenible.

Se prevé que este proyecto tenga una duración de cuatro años. Dispondrá de un presupuesto total de 3.246.062 €, cofinanciados al 55 % por la Comisión Europea mediante el programa LIFE, de los que 605.209 € serán gestionados directamente por el AMB.