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Tratamiento

El tratamiento de residuos engloba conjunto de técnicas que permiten reutilizarlos, reciclarlos, recuperar parte de su energía o verterlos en un depósito controlado. El AMB se encarga de gestionar las diferentes plantas de tratamiento que se encuentran distribuidas por el territorio metropolitano.

Los tratamientos se dividen en dos grandes tipos:

• Tratamientos de recuperación y transformación: permiten reintroducir los materiales en el ciclo de producción y consumo, ya sea por reutilización o por reciclaje y compostaje.
• Tratamientos finalistas: pretenden eliminar los desechos de planta de la manera más segura posible.
Els tractaments es divideixen en dos grans tipus:
  • Tratamientos de recuperación y transformación: permiten reintroducir los materiales en el ciclo de producción y consumo, ya sea por reutilización o por reciclaje y compostaje.
  • Tratamientos finalistas: pretenden eliminar los desechos de planta de la manera más segura posible. 


Tipus de tractament
Tipus de tractament

* (fracción orgánica y fracción vegetal)

Selección de envases

La selección es un proceso mecánico que sirve para separar determinados tipos de residuos teniendo en cuenta el material del que están hechos o de si pueden aprovecharse.

Selección de envases ligeros

Los envases ligeros recogidos de forma separada –en el contenedor amarillo– se depositan principalmente en la planta de selección de Gavà-Viladecans i en la planta de selección del Ecoparc 2 de Montcada i Reixac. En el caso de los contenedores FIRM de los municipios con sistema de Residuo Mínimo, la selección se realiza en la planta de Molins de Rei.

La selección consiste en separar los residuos procedentes de la fracción de envases ligeros (contenedor amarillo) según el material del que están hechos:
  • Plásticos: los hay de varios tipos, como el PVC (policloruro de vinilo), el PET (tereftalato de polietileno) y el PE (polietileno), por lo que se subclasifican según el tipo de plástico.
  • Materiales magnéticos: un electroimán separa los materiales con hierro, mientras que un inductor de Foucault separa materiales de aluminio.
  • Bolsas de plástico: se seleccionan a través de un proceso de aspiración.



Una vez seleccionados, los plásticos y los metales se compactan en forma de balas con una prensa, de modo que queden listos para ser transportados hacia empresas especializadas en reciclaje.

En caso de que la fracción de envases contenga elementos impropios (materiales que no pertenecen al contenedor amarillo), también se separan y, si no pueden aprovecharse, se llevan a una planta de valoralización energética o a un depósito controlado. Es lo que se denomina fracción de rechazo de planta.

Selección de inorgánica

La selección de inorgánica es el tratamiento aplicado a los residuos procedentes de los contenedores de basura inorgánica del modelo de cuatro fracciones. Del mismo modo que en el caso de la selección de envases ligeros, se separan todos los materiales reciclables.

Para ello, en una primera fase se produce una selección manual de vidrio y residuos voluminosos. Después, los residuos pasan por una criba rotativa que selecciona objetos de menos de 70 mm de diámetro, como los envases de yogur y los restos de materia orgánica.

A continuación, una segunda elección manual separa los plásticos, los bricks, el papel y el cartón.

Finalmente, un imán separa los materiales con hierro y un electroimán-inductor de Foucault separa los restos con aluminio. Tras ser clasificados por tipo de material y embalaje, los productos elegidos ya están listos para ser reciclados en empresas especializadas.

Vidrio

El vidrio, sin ninguna manipulación previa, pasa a las plantas de tratamiento autorizadas por el sistema integrado de gestión de Ecovidrio.

Ecovidrio


Papel

El papel y cartón, sin ninguna manipulación previa, pasa a las plantas de tratamiento autorizadas por el sistema integrado de gestión de Ecoembes.

Ecoembes



Estas empresas dedicadas al reciclaje del vidrio o del papel, o a su fabricación, separan los elementos impropios (residuos que no deberían haberse tirado al contenedor de vidrio o de papel). De esta manera, el material resultante se convierte en materia prima de fabricación de nuevo papel o nuevos envases de vidrio.

La fracción de rechazo se transportará hasta una planta de valoralización energética o a un depósito controlado.

Selección del resto y de la orgánica

Consiste en procesar los residuos procedentes de la recogida selectiva de orgánica y de la fracción resto, para extraer todos los elementos impropios antes de aplicar un tratamiento mecánico biológico.

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Tratamiento mecánico-biológico

El tratamiento mecánico biológico se aplica a la materia orgánica recogida de forma selectiva y al resto antes de la deposición final.

Consiste en separar y clasificar de forma mecánica los materiales reciclables que pueden haber quedado en estas dos fracciones, y en tratar la materia orgánica restante mediante procesos biológicos.

Parte mecánica del tratamiento

La parte mecánica del tratamiento consiste en separar los elementos reciclables (metales, plásticos, vidrio, etc.) contenidos en la materia orgánica o en la fracción resto.

Esta separación se realiza mediante procesos manuales y automáticos, con cintas, separadores ópticos, equipos balísticos, elementos magnéticos y cribas, entre otros. Se trata de una selección muy parecida a la que se hace en cualquier planta de selección.

Los resultados de esta parte del tratamiento son, por un lado, los materiales recuperables separados por fracciones y, por otro, una materia orgánica de la que se han extraído la mayoría de elementos impropios.

Parte biológica del tratamiento

Compostaje

El compostaje consiste en la degradación de la materia orgánica mediante microorganismos aerobios. La materia orgánica que se somete a este proceso puede mezclarse con otros materiales, como por ejemplo residuos de jardinería o residuos orgánicos de grandes productores, como los mercados.

Esta mezcla de residuos se descompone mediante un proceso biooxidativo controlado producido por una sucesión de microorganismos que actúan bajo unas condiciones ambientales —temperatura, humedad, etc. — determinadas. El proceso se lleva a cabo en compartimentos estancos, que facilitan esta aceleración, al tiempo que evitan la emanación de malos olores.

El resultado es un producto orgánico que, según la calidad que tenga, puede usarse como abono, en jardinería y agricultura, o bien para enmiendas del suelo, para rellenos, como estructurante, etc.

Metanización o digestión anaerobia

La metanización o digestión anaerobia consiste en la degradación de la materia orgánica mediante microorganismos anaerobios. Se realiza mediante de un conjunto de procesos que dan como resultado la producción de biogás —un combustible renovable— y la estabilización de los residuos biodegradables, por lo que se convierten en materiales útiles como enmiendas orgánicas del suelo. El proceso se lleva a cabo en los digestores durante 20 días.

Primero se aplica un proceso de hidrólisis, cuyo objetivo es romper las membranas celulares y descomponer las macromoléculas orgánicas —polisacáridos, lípidos y proteínas— en moléculas más simples que puedan ser degradadas por microorganismos.

El paso siguiente del proceso se denomina acetogénesis, que consiste en utilizar estas moléculas más simples para producir ácido acético, hidrógeno y CO2. En esta fase, los microorganismos que participan agotan el oxígeno del medio, de manera que el proceso iniciado de manera aerobia pasa a ser anaerobio.

Finalmente, en la metanogénesis los microorganismos involucrados utilizan el ácido acético como fuente de energía y respiran CO2 e hidrógeno, lo que da como resultado la producción de metano.

El resultado de todos estos procesos es la producción de biogás, una mezcla de dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4), así como de otros subproductos en menor cantidad. El biogás constituye una fuente de combustible renovable que sirve para generar electricidad y calor.

Aparte de este producto, la materia orgánica restante, ya muy degradada y estabilizada, se higieniza y sale en forma de compost.

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Voluminosos

Se consideran residuos voluminosos los desechos que, al tener unas dimensiones considerables, no pueden depositarse en los contenedores de la calle y son difíciles de transportar hasta los centros de recogida. Se consideran residuos voluminosos objetos de menaje del hogar, trastos viejos, muebles y colchones.

Aunque por cuestiones de logística los electrodomésticos se recogen junto con los residuos voluminosos, más tarde son separados manualmente de la madera y entregados a los SIG correspondientes.

La recogida selectiva de voluminosos tiene numerosos beneficios. Por un lado, hace disminuir el número de trastos abandonados en la vía pública y, por otro lado, permite valorizar los componentes de estos residuos y ayuda a reducir los residuos municipales que reciben un tratamiento finalista.

Cada municipio metropolitano tiene un servicio propio de recogida de voluminosos en función de sus necesidades. Normalmente se basa en un horario de recogida establecido o puede concertarse llamando al ayuntamiento del municipio correspondiente.

En 2014 se recogieron en el territorio metropolitano 57.924 toneladas de residuos voluminosos, una cantidad inferior a la de 2011 (62.291 t), que incluye tanto la recogida específica de los municipios como las aportaciones realizadas en los centros de recogida metropolitanos.

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Valorización energética

La valorización energética consiste en recuperar energía a partir de los residuos, ya sea en forma de energía eléctrica o en forma de combustible. Se puede recuperar energía a partir de residuos a través de su incineración, recuperándolos en forma de combustible, a través de la digestión anaerobia o metanización en plantas de tratamiento mecánico biológico o mediante la captación de biogás en depósitos controlados.

En el año 2012 se valorizaron energéticamente 186.243 toneladas de resto y 163.321 toneladas de desecho procedentes de la planta de tratamiento mecánico-biológico, con una producción de energía eléctrica de 144.530 MWh.

Incineración

La incineración es el proceso a través del cual se obtiene energía eléctrica mediante la combustión controlada de residuos a temperaturas muy elevadas. Esta energía eléctrica puede utilizarse para otros usos, como por ejemplo la climatización (calor o frío) distribuida en un sector urbano.

Combustibles derivados de residuos (CDR)

Los combustibles derivados de residuos (CDR) se obtienen a partir de la selección y el tratamiento de residuos que sustituye un combustible fósil.

Metanización o Digestión anaerobia

La metanización o digestión anaerobia consiste en la degradación de la materia orgánica mediante microorganismos anaerobios y da como resultado la producción de biogás, una fuente de energía renovable.

Deposición controlada

La fermentación de la materia orgánica depositada en los vertederos genera metano y dióxido de carbono. Estos dos gases pueden captarse con un sistema de pozos y aprovecharse como biogás.

Otros tratamientos

Hay otros métodos de tratamiento térmico, tales como la pirólisis o la gasificación. La pirólisis consiste en la transformación de los residuos en ausencia de oxígeno. En el caso de la gasificación, el residuo no se quema directamente, sino que se transforma en una mezcla gaseosa combustible mediante una oxidación parcial con aplicación de calor.

La diferencia entre la incineración y estos procesos radica en la presencia de oxígeno. La incineración implica una combustión en presencia de oxígeno, mientras que la gasificación se realiza en ausencia o con baja concentración de oxígeno.

Hoy en día, la implantación de estas tecnologías de tratamiento térmico es muy incipiente y las plantas existentes en España son pequeñas y se dedican a residuos específicos (plásticos, residuos agrícolas...).

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Deposición controlada

La deposición controlada es un tratamiento finalista que consiste en verter los residuos en condiciones de seguridad ambiental, es decir, de manera que no puedan ser fuente de contaminación para el entorno. Los depósitos controlados funcionan con un sistema de balas de rechazo que minimiza el impacto en el medio ambiente.

Los residuos depositados sin tratamiento previo contienen parte de materia orgánica, que fermenta y produce biogás (una mezcla de metano, CO2 y otros compuestos volátiles) y lixiviados (líquidos resultantes del proceso de degradación). Puesto que ambos pueden suponer una fuente de contaminación, los depósitos controlados se construyen para minimizar sus impactos.

Para asegurar que los lixiviados no se filtren al suelo sin control y que no contaminen posibles acuíferos de la zona, se impermeabiliza el terreno y se incorpora un sistema de captación y tratamiento de lixiviados. Asimismo, para garantizar que el agua de lluvia no se filtre hacia el interior del depósito y se mezcle con los lixiviados, hay un sistema de conducción de aguas pluviales.

Para evitar la emisión de metano a la atmósfera, se coloca un sistema de captación y aprovechamiento de biogás. Por último, los residuos se vierten en unos contenedores aislados por capas de tierras compactadas, de modo que queden adecuadamente confinados.

Es importante tener en cuenta que la deposición controlada es un tratamiento regulado de forma muy estricta por las legislaciones europea, española y catalana, y que los residuos que se vierten deben estar previamente estabilizados según diversos parámetros.

Los residuos embalados, dado que se han tratado previamente, ya no contienen tanta materia orgánica. Por este motivo, casi no emiten gas metano ni CO2. Sin embargo, por precaución, los depósitos de balas se construyen de la misma forma que los depósitos controlados tradicionales.

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